domingo, 3 de junio de 2012

La presentación

"Me coge la mano derecha con su izquierda, y los dos miramos a
Cinna para confirmarlo. Él asiente y da su aprobación levantando el
pulgar; es lo último que veo antes de entrar en la ciudad.
La alarma inicial de la muchedumbre al vernos aparecer se
transforma rápidamente en vítores y gritos de «¡Distrito 12!». Todos se
vuelven para mirarnos, apartando su atención de los otros tres carros
que tenemos delante. Al principio me quedo helada, pero después nos
veo en una enorme pantalla de televisión y nuestro aspecto me deja
sin aliento. Con la escasa luz del crepúsculo, el fuego nos ilumina las
caras, es como si nuestras capas dejaran un rastro de llamas detrás.
Cinna hizo bien al reducir el maquillaje al mínimo: los dos estamos
más atractivos y, además, se nos reconoce perfectamente.
«Recuerda, la cabeza alta. Sonríe. ¡Te van a adorar!»
Oigo las palabras del estilista en mi cabeza, así que levanto más
la barbilla, esbozo mi mejor sonrisa y saludo con la mano que tengo
libre. Me alegra estar agarrada a Peeta para guardar el equilibrio,
porque él es fuerte, sólido como una roca. Conforme gano confianza,
llego a lanzar algún que otro beso a los espectadores; la gente del
Capitolio se ha vuelto loca, nos baña en flores, grita nuestros nombres,
nuestros nombres propios, ya que se han molestado en buscarlos en
el programa.
La música alta, los vítores y la admiración me corren por las
venas, y no puedo evitar emocionarme. Cinna me ha dado una gran
ventaja, nadie me olvidará. Ni mi aspecto, ni mi nombre: Katniss, la
chica en llamas.
Por primera vez siento una chispa de esperanza. ¡Tiene que
haber algún patrocinador dispuesto a escogerme! Y con un poco de
ayuda extra, alguna comida, el arma adecuada... ¿Por qué voy a dar
los juegos por perdidos?
Alguien me tira una rosa roja y yo la cojo, la huelo con delicadeza
y lanzo un beso en dirección a quien me la haya tirado. Cientos de
manos intentan capturar mi beso, como si fuese algo real y tangible.
--¡Katniss! ¡Katniss! --Los oigo gritar mi nombre por todas partes.
Todos quieren mis besos.
Hasta que entramos en el Círculo de la Ciudad no me doy cuenta
de que debo de haber estado cortándole la circulación de la mano a
Peeta, tan fuerte se la tenía cogida. Miro nuestros dedos entrelazados
y aflojo un poco, pero él me vuelve a coger con fuerza.
--No, no me sueltes --dice, y la luz del fuego se refleja en sus ojos
azules--. Por favor, puede que me caiga de esta cosa.
--Vale.
Así que seguimos cogidos, aunque no puedo evitar sentirme
extraña por la forma en que Cinna nos ha unido. La verdad es que no
es justo presentarnos como un equipo y después tirarnos en la arena
para que nos matemos el uno al otro.
Los doce carros llenan el circuito del Círculo de la Ciudad. Todas
las ventanas de los edificios que rodean el círculo están abarrotadas
de los ciudadanos más prestigiosos del Capitolio. Nuestros caballos
nos llevan justo hasta la mansión del presidente Snow, y allí nos
paramos. La música termina con unas notas dramáticas.
El presidente, un hombre bajo y delgado con el cabello blanco
como el papel, nos da la bienvenida oficial desde el balcón que
tenemos encima. Lo tradicional es enfocar las caras de todos los
tributos durante el discurso, pero en la pantalla veo que Peeta y yo
salimos más de lo que nos corresponde. Con forme oscurece, más
difícil es apartar los ojos de nuestro centelleante atuendo. Aunque
cuando suena el himno nacional hacen un esfuerzo por enfocar a cada
pareja de tributos, la cámara se mantiene fija en el carro del Distrito
12, que recorre el círculo una última vez antes de desaparecer en el
Centro de Entrenamiento."

miércoles, 30 de mayo de 2012

Siguen las comparaciones, aunque cada vez menos odiosas



Volvemos a las comparaciones, y en esta ocasión nos adentraremos en los "Juegos" y en la "Ley de la Reforma Educativa del Milenio". Ambas obras ya mencionadas, comparten también el marco y tipología del país, una gran nación unida que somete al pueblo, y pretende tener un férreo control de ambos, haciéndoles recordar en quién reside el poder, valiéndose de la ley.

Y ese poder también lo demuestran en la arena y en la isla donde tiene lugar ambos acontecimientos. Un lugar aislado, inhóspito y de difícil supervivencia, completamente bajo el control de la organización, que no les pondrá las cosas fáciles a los participantes.



Imagen de la arena del  Vasallaje del 75º

 Imagen de la isla de Battle Royale, cuadrículada y divididas en zonas


Aunque se ha de reconocer que las condiciones en Battle Royale son mucho más extremas, ya que ellos pueden liquidar a cualquier, por el collar que les colocan anclado al cuello, que aparte de ser explosivos, tienen micrófonos y localizadores para controlarlos en todo momento, sin contar con las cámaras de vigilancia que existen en toda la isla. Esa misma isla, donde una vez vivió gente y quedan reminiscencia de lo vida que en su día se desarrollaba en la misma, totalmente manipulada, y dividida en sectores, que se activan cada ciertas horas, haciendo que cualquier participante que se encuentre dentro de la misma, muera por la detonación de su collar. La interferencia de la organización es mucho mayor, en cuanto a muerte de participantes directas se refiere.

Más que una historia de amor

Y es que no paramos de escuchar que no es más que una mezcla entre Crepúsculo y Battle Royale. Y es verdad que guardan similitudes con ambas (más con la segunda que con la primera), pero quien se quede estancado en esta idea, me temo que no se ha leído el libro y se ha dejado llevar por una película de drama adolescente.
Los libros hacen una gran crítica a la sociedad actual, basándola en un futuro postapocalíptico.
Nunca olvidaré cuando Katniss describía El Capitolio como superficial, basándose en que allí nadie quería parecer gordo (se divertían vomitando comida para volver a comer), ni ser viejo, dos atributos muy bien considerados en otros distritos, como el 12, ya que implicaba que se tenía suficiente comida para engodordar y llegar a la vejez.
No puedo evitar esta comparación con la sociedad actual, donde todo está regido por el capitalismo y los recursos los tienen solo unos pocos y el resto trabajan para estos pocos.
Os dejo aquí unos enlaces que espero que disfrutéis.

http://laluzdevalinor.blogspot.com.es/2010/01/critica-de-los-juegos-del-hambre-y-en.html

http://www.lavanguardia.com/cine/20120420/54284650822/los-juegos-del-hambre-critica-de-cine.html

La historia de amor

En esta entrada vamos a introducir la historia de amor que envuelve a la protagonista: Katniss.
Como no era de extrañar, se escogió como "defecto" del personaje (tan fuerte y tan valiente) que fuera muy torpe en las relaciones sociales. Así, tenemos un personaje introvertido, uraño, que no sabe cómo relacionarse con los demás.
Tampoco es de extrañar que siendo una chica tan fuerte e independiente no le falten aspirantes a su amor. Por un lado, tenemos al dulce Peeta y, por otro, al fuerte y misterioso Gale. El trío se complementa muy bien y todos tienen algo que ofrecer a los otros, pero ¿a quién elegirá Katniss?
Desde el primer libro, Katniss siente algo muy fuerte por Peeta, pero está confusa, porque cree que debería sentir lo mismo por Gale.
A lo largo de los libros, todo el mundo tiene sus preferencias, respecto a qué amante debe elegir; sin embargo, hasta la fecha no encotraremos un Team Peeta y un Team Gale, como sucede en la saga Twilight. Con esta saga, el romanticismo que rodea a Peeta hace que el lector acabe siendo seducido. 


Las comparaciones son odiosas, pero necesarias




El boom que se ha creado con esta nueva saga que ha trascendido de la literatura a la gran pantalla, ha creado todo un fenómeno fan que no saben discernir entre la realidad de la ficción, y sienten autentica devoción sin ver que están solo es una saga más, que el día de mañana será papel mojado. Aunque el arco argumental pueda parecer original, y que el  tema que no haya sido tratado, tiene muchas equivalencias con la novela gráfica Battle Royale, de 1999, del autor japonés Koushun Takami que podría afirmarse que asienta las bases sobre las que se basa la novela de Suzanne Collins, aunque esta autora no haya reconocido nunca que exista relación entre su obra y esta otra.




Las evidencias son más que reseñables, ya que a grandes rasgos tratan la misma temática; una institución superior que gobierna, organiza unos juegos o evento que transciende a lo mediático, en el que la diversión es ver a jóvenes matarse entre ellos, hasta que sólo pueda quedar uno con vida, que será proclamado vencedor. Esta última descripción coincide totalmente con ambas obras. 

Además como podemos ver en el tráiler de la película nipona, la atmósfera de violencia es mucho mayor que en la de los Juegos, donde la competición es más independiente y no juegan tanto con los sentimientos de matarse entre iguales.



Y hasta aquí la comparación, de hoy aunque aun quedan muchas cosas más =)

martes, 29 de mayo de 2012

Vasallaje de los 25

Es el lugar más hermoso que se pueda imaginar. La Cornucopia dorada está situada en el centro deuna pradera verde llena de flores preciosas. El cielo es de un intenso color azul con algodonosasnubes blancas. Brillantes pájaros cantores vuelan alrededor. Por la forma en la que algunos de lostributos están olisqueando, debe de oler genial. Una imagen aérea muestra que la pradera seextiende kilómetros y kilómetros. Allá en la distancia, en una dirección, parece haber un bosque,en la otra, una montaña coronada de nieve. La belleza desorienta a muchos jugadores, porquecuando suena el gong, la mayoría de ellos parece que está tratando de despertarse de un sueño.
No Haymitch, sin embargo. Está en la Cornucopia, preparado con armas y una mochila deprovisiones de su elección. Se dirige al bosque antes de que la mayoría de los demás hayan salidode sus plataformas. Dieciocho tributos mueren en el baño de sangre ese primer día. Otrosempiezan a caer rápidamente después, cuando queda claro que casi todo
en este bonito lugar―a
suculenta fruta colgando de los arbustos, el agua en los arroyos cristalinos, incluso el perfume delas flores
cuando se inhala demasiado directamente―
es mortalmente venenoso. Sólo el agua delluvia y la comida proporcionada en la Cornucopia son seguras para consumo. También hay ungran grupo, bien provisto, de diez Profesionales organizando una batida en la montaña en buscade víctimas.Haymitch tiene sus propios problemas en el bosque, donde las blanditas ardillas doradas resultanser carnívoras y atacan en manadas, y las picaduras de mariposa traen agonía cuando no lamuerte. Pero persiste en seguir adelante, siempre manteniendo a su espalda la distante montaña.Maysilee Donner resulta estar muy llena de recursos, para una chica que dejó la Cornucopia consólo una pequeña mochila. Dentro encontró un cuenco, algo de carne seca, y una cerbatana condos docenas de dardos. Usando los venenos fácilmente disponibles, enseguida convierte a lacerbatana en un arma mortal a base de sumergir los dardos en sustancias letales y dirigiéndolos ala carne de sus oponentes.Después de cuatro días, la pintoresca montaña explota en un volcán que aniquila a otra decena de jugadores, incluyendo a todo el grupo de Profesionales excepto a cinco. Con la montañaescupiendo fuego líquido, y la pradera no ofreciendo ningún medio de escondite, los trece tributos
restantes―incluyendo a Haymitch y a Maysilee― no tienen más opción que confinarse en elbosque.Haymitch parece decidido a continuar en la misma dirección, lejos de la ahora volcánica montaña,pero un laberinto de setos fuertemente entretejidos lo obliga a volver al centro del bosque, dondese encuentra a tres de los Profesionales y saca su cuchillo. Tal vez ellos sean mucho más grandes yfuertes, pero Haymitch tiene una destacable velocidad y ya ha matado dos cuando el tercero lodesarma. Ese está a punto de rebanarle la garganta cuando undardo lo arroja al suelo.Maysilee Donner sale de entre los árboles.
―Viviremos más tiempo siendo dos.
―Supongo que acabas de demostrarlo. ―Dice Haymitch, frotándose el cuello. ― ¿aliados?
―Maysilee asiente. Y allí está, de inmediato dentro de uno de esos pactos que te verá obligado aromper si esperas volver a casa y enfrentarte a tu distrito. Exactamente como Peeta y yo, les vamejor juntos. Descansan más, consiguen un sistema para conseguir más agua de lluvia, luchancomo un equipo, y comparten la comida de las mochilas de los tributos muertos. Pero Haymitchaún está determinado a seguir adelante.
―¿por qué ―Maysilee no deja de preguntar, y él la ignora hasta que ella se niega a andar más sinuna respuesta.
―Porque tiene que terminar en algún sitio, ¿no? ―Dice Haymitch. ―La arena no puede seguir
eternamente.
―¿quéesperas encontrar? ―Pregunta Maysilee.
―No lo sé Pero tal vez haya algo que podamos usar. ―Dice él. Cuando por fin salen de esos setosimposibles, usando un soplete de una de las mochilas de los Profesionales muertos, se encuentransobre una tierra seca y llana que lleva a un acantilado. Más abajo, puedes ver rocas puntiagudas.
―Eso es todo lo que hay, Haymitch. Volvamos. ―Dice Maysilee.
 ―No. Yo me quedo aquí
 ―Está bien. Sólo quedamos cinco. Podemos decirnos adiós
ahora, en cualquier caso. ― Dice ella.―No quiero que al final quedemos tú
y yo.
―Vale. ―Accede él. No se ofrece para un apretón de manos, ni siquiera la mira. Y ella se va.Haymicth camina por el borde del acantilado como si intentara averiguar algo. Su pie descolocauna piedrecilla y esta cae al abismo, aparentemente perdida para siempre. Pero un minutodespués, cuando él se sienta a descansar, la piedrecilla sale disparada hacia arriba y cae a su lado.Haymitch se la queda mirando, intrigado, y después su rostro adquiere una extraña intensidad.Lanza una roca del tamaño de su puño por el acantilado y espera.Cuando vuelve arriba justo a su mano, empieza a reírse.Es entonces cuando oímos a Maysilee empezar a gritar. La alianza se ha terminado y fue ella quienla rompió así que nadie podría culparlo por ignorarla. Pero en cualquier caso, Haymitch corre haciaella. Llega sólo a tiempo de ver a los últimos de una bandada de pájaros rosa chilló, equipados conpicos largos y finos, pincharla en el cuello. Sostiene su mano mientras ella muere, y todo en lo quepuedo pensar es Rue y cómo yo también llegué demasiado tarde para salvarla.Más tarde ese día, otro tributo muere en un combate y un tercero es devorado por una manadade esas ardillas blanditas, dejando a Haymitch y a una chica del Distrito 1 para competir por lacorona. Ella es más grande que él e igual de rápida, y cuando llega la lucha inevitable, essangrienta y terrible y los dos han recibido las que bien podrían ser heridas fatales, cuandoHaymitch por fin es desarmado. Anda torpemente por el hermoso bosque, sosteniendo en elinterior sus intestinos, mientras ella tropieza detrás de él, sosteniendo el hacha que deberíapropinarle el golpe de gracia. Haymitchhace un zigzag hasta su acantilado y acaba de llegar al borde cuando ella lanza el hacha. É se lanzaal suelo y el hacha cae al abismo. Ahora tambiéndesarmada, la chica se queda allí de pie, intentando detener el flujo de sangre que fluye de sucuenca ocular vacía. Tal vez está pensando en que puededurar más que Haymitch, que está empezando a convulsionar en el suelo. Pero lo que ella no sabe,y é sí
 es que el hacha va a volver. Y cuando vuela otra vez sobre el borde, se entierra en la cabezade ella. El cañón suena, su cuerpo es retirado, y las trompetas suenan para anunciar la victoria de Haymitch.

Katniss, la chica en llamas


"Mi primer impulso es bajar corriendo del árbol, pero estoy atada
con el cinturón. Consigo soltar la hebilla de algún modo y caigo al
suelo, todavía envuelta en mi saco de dormir. No hay tiempo para
empaquetar nada. Por suerte, ya tengo la mochila y la botella dentro
del saco, así que meto el cinturón, me cuelgo el saco al hombro y
huyo.
El mundo se ha transformado en un infierno de llamas y humo.
Las ramas ardiendo caen de los árboles convertidas en lluvias de
chispas a mis pies. No puedo hacer más que seguir a los otros, a los
conejos y ciervos, e incluso a una jauría de perros salvajes que corren
por el bosque. Confío en su dirección porque sus instintos están más
desarrollados que los míos. Sin embargo, ellos son mucho más
rápidos, vuelan por el bosque con gran agilidad, mientras que mis
botas no dejan de tropezar con raíces y ramas caídas, y no puedo
seguir su ritmo de ninguna manera.
El calor es horrible, pero lo peor es el humo que amenaza con
ahogarme en cualquier momento. Me subo la camisa para taparme la
nariz y me alegro de que esté mojada de sudor, ya que eso me ofrece
una pequeña protección. Y sigo corriendo, ahogándome, con el saco
dándome botes en la espalda y la cara llena de cortes por las ramas
que se materializan delante de mí sin avisar, surgidas de la niebla gris,
porque se supone que tengo que correr.
Esto no ha sido una hoguera que se le haya descontrolado a un
tributo, ni tampoco un suceso accidental; las llamas que me acechan
tienen una altura antinatural, una uniformidad que las delata como
artificiales, creadas por humanos, creadas por los Vigilantes. Hoy ha
estado todo demasiado tranquilo; no ha habido muertes y quizá ni
siquiera peleas, así que la audiencia del Capitolio empezaba a
aletargarse y a comentar que estos juegos resultaban casi aburridos.
Y los Juegos del Hambre no pueden ser aburridos.
Es fácil entender la motivación de los Vigilantes. Hay una manada
de profesionales y después estamos los demás, seguramente
repartidos a lo largo y ancho del estadio. Este incendio está diseñado
para juntarnos, para que nos encontremos. Aunque puede que no sea
el dispositivo más original que haya visto, es muy, muy eficaz.
Salto por encima de un tronco ardiendo, pero no salto lo
suficiente; la parte de atrás de la chaqueta se quema, y tengo que
detenerme para quitármela y apagar las llamas. Sin embargo, no me
atrevo a abandonar la chaqueta, aunque esté achicharrada y caliente;
me arriesgo a meterla en el saco de dormir, esperando que la falta de
aire termine de extinguir el fuego. Lo que llevo en la mochila es lo
único que tengo, y ya es bastante poco para sobrevivir.
En cuestión de minutos noto la garganta y la nariz ardiendo. Las
toses empiezan poco después, y me da la impresión de que se me
fríen los pulmones. La incomodidad se convierte en angustia, hasta
que cada vez que respiro noto una puñalada de dolor que me
atraviesa el pecho. Consigo refugiarme debajo de un saliente rocoso
justo cuando empiezan los vómitos, y pierdo mi escasa cena y todo lo
demás que me quedase en el estómago. Me pongo a cuatro patas y
sigo con las arcadas hasta que no hay nada más que echar.
Sé que tengo que seguir moviéndome, pero estoy temblando y
mareada, jadeando por la falta de aire. Me permito tomar una gota de
agua para enjuagarme la boca y escupir, y después le doy un par de
tragos más a la botella.
«Tienes un minuto --me digo--. Un minuto para descansar.» Me
tomo ese tiempo para reordenar mis provisiones, enrollar el saco y
meter todo a lo bruto en la mochila. Se me acaba el minuto. Sé que ha
llegado el momento de moverse, pero el humo me ha dejado atontada.
Los veloces animales que me guiaban me han dejado atrás y sé que
no he estado antes en esta parte del bosque, que no había visto rocas
grandes como ésta en mis anteriores excursiones. ¿Adónde me llevan
los Vigilantes? ¿De vuelta al lago? ¿A un nuevo terreno lleno de
nuevos peligros? El ataque comenzó justo cuando por fin lograba
tener unas cuantas horas de paz. ¿Habrá alguna forma de avanzar en
paralelo al estanque y regresar después, al menos a por agua? La
pared de fuego debe terminar en alguna parte y no puede arder para
siempre. No porque los Vigilantes no puedan hacerlo, sino porque, de
nuevo, la audiencia se quejaría. Si pudiera meterme detrás de la línea
de fuego, evitaría encontrarme con los profesionales. Cuando por fin
decido intentar dar la vuelta dando un rodeo, aunque eso conllevase
varios kilómetros de viaje para alejarme de este infierno y otros
cuantos para volver, la primera bola de fuego se estrella contra la roca,
a medio metro de mi cabeza. Salgo corriendo del saliente. El miedo
me da energía renovada.
El juego ha dado un giro inesperado: el incendio es una excusa
para hacer que nos movamos, para que la audiencia vea diversión de
verdad. Cuando oigo el siguiente siseo, me tiro al suelo boca abajo sin
entretenerme en mirar atrás, y la bola de fuego da en un árbol a mi
izquierda y lo envuelve en llamas. Quedarse quieta significa morir;
apenas me he puesto en pie cuando la tercera bola golpea el lugar en
el que estaba tumbada y levanta una columna de fuego a mis
espaldas. El tiempo pierde significado mientras intento esquivar los
ataques. No puedo ver desde dónde los lanzan, aunque no es un
aerodeslizador, pues los ángulos no son lo bastante extremos.
Seguramente han armado toda esta zona del bosque con lanzadores
de precisión escondidos en árboles o rocas. En algún lugar, en una
habitación fresca e inmaculada, hay un Vigilante sentado delante de
unos mandos, disparando los gatillos que podrían acabar con mi vida
en cuestión de segundos; sólo hace falta un blanco directo.
Corro en zigzag, me agacho, me levanto de un salto y, entre unas
cosas y otras, me quito de la cabeza el vago plan de regresar al
estanque. Las bolas de fuego son del tamaño de manzanas, pero
liberan una potencia enorme al hacer contacto. Tengo que utilizar
todos mis sentidos al máximo para sobrevivir, no hay tiempo para
juzgar si un movimiento es correcto o no: si oigo un siseo, o actúo o
muero.
Sin embargo, algo me hace seguir adelante; después de toda una
vida viendo los Juegos del Hambre en la tele, sé que hay algunas
zonas del estadio que están preparadas para ciertos ataques y que, si
consigo salir de esta zona, quizá pueda alejarme del alcance de los
lanzacohetes. También es posible que acabe dentro de un nido de
víboras, pero ahora no puedo preocuparme por eso.
Aunque no sé cuánto tiempo he pasado esquivando bolas de
fuego, finalmente, los ataques empiezan a decaer, lo que me parece
estupendo, porque vuelvo a sentir arcadas. Esta vez se trata de una
sustancia ácida que me quema la garganta y se me mete en la nariz. [...]
Mis músculos reaccionan, aunque esta vez no son lo bastante
rápidos y la bola de fuego cae al suelo junto a mí, no sin antes
deslizarse por mi pantorrilla derecha. Ver la pernera del pantalón en
llamas me hace perder los nervios: me retuerzo y retrocedo a gatas,
chillando, intentando apartarme del horror. Cuando por fin recupero el
sentido común, hago rodar la pierna por el suelo, lo que sirve para
apagarlo casi todo. Sin embargo, en ese momento, sin pensar, me
arranco la tela que queda con las manos desnudas.
Me siento en el suelo, a pocos metros del incendio que ha
causado la bola. La pantorrilla me arde y tengo las manos llenas de
ampollas rojas; tiemblo demasiado para moverme. Si los Vigilantes
quieren acabar conmigo, éste es el momento.
Oigo la voz de Cinna, que me trae imágenes de telas lujosas y
gemas resplandecientes: «Katniss, la chica en llamas». Los Vigilantes
deben de estar muertos de risa con esto. Aún peor, puede que los
bellos trajes de Cinna sean la razón de esta tortura concreta. Sé que él
no podía preverlo y que debe de estar pasándolo mal porque, de
hecho, creo que le importo. A pesar de todo, en perspectiva, quizá me
habría ido mejor si hubiese salido desnuda en el carro.
El ataque ha terminado. Está claro que los Vigilantes no me
quieren muerta, al menos todavía. Todos saben que podrían
destruirnos en cuanto suena el gong, pero el verdadero
entretenimiento de los juegos es ver cómo los tributos se matan entre
ellos. De vez en cuando matan a uno para que los demás jugadores
sepan que pueden hacerlo, aunque, en general, lo que intentan es
manipularnos para que tengamos que enfrentarnos cara a cara. Eso
significa que, si ya no me disparan, hay al menos un tributo cerca."